No nos verán, nosotros nunca decimos nada a nadie y no tenemos madre.
Más adelante, con el tiempo, ya no necesitamos ni pañoleta para los ojos ni hierba para los oídos. El que ha hecho de ciego vuelve simplemente su mirada hacia adentro, y el sordo cierra los oídos a todos los sonidos.
La caricia sobre nuestros cabellos es imposible de tirar.