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-Debería casarse, o al menos tener una amante para desviar las sospechas. Le resultaría fácil seducir a una mujer. Es muy guapo y viril. Y también triste. A las mujeres les gustan los hombres tristes. Y además tiene una buena posición.
Las lágrimas corren por el rostro del hombre en los dos últimos versos de la canción:

Este pueblo ya ha expiado
el pasado y el porvenir.
Es una zona fronteriza, acordonada, olvidada. Conocemos de vista a todos los habitantes de la ciudad. Siempre son las mismas caras.
-¿Nunca estás triste?
-No, porque una cosa me consuela siempre de otra.
-¡Ten cuidado, Lucas! El amor a veces es mortal.
-¿Y qué debo hacer ahora?
-Lo mismo que antes. Hay que continuar levantándose por la mañana, acostándose por la noche, y hacer lo que sea necesario para vivir.
-Será muy largo.
-Quizá toda una vida.
Los gritos de los animales despiertan a Lucas. Se levanta, va a ocuparse de ellos. Da de comer a los cerdos, a las gallinas, a los conejos
Murió feliz, violada hasta la muerte.

Dicen que hay que abandonar el nuestro (país) para siempre, porque el enemigo llega y se vengará. Reducirá nuestro pueblo a la esclavitud.
-Nosotros no nos arrepentimos de nada. No tenemos nada de que arrepentirnos.

[...]

(cura)
-[...] Pero la venganza pertenece a Dios.
 (Los niños al cura)
-Guárdelo. Ya nos ha dado bastante. Cogimos su dinero cuando era absolutamente necesario. Ahora ganamos el suficiente dinero para dejarle algo a Bec-de-Lièvre. También le hemos enseñado a trabajar. Le hemos ayudado a cavar la tierra de su huerto y a plantar en ella patatas, alubias, calabazas, tomates. Le hemos dado unos pollitos y unos conejos para que los críe. Ahora, ella se ocupa de su huerto y de sus animales. Ya no mendiga. Ya no necesita el dinero de usted.
Nuestra prima no trabaja, no estudia, no hace ejercicios. Mira al cielo con frecuencia, otras veces llora.
-No parecéis estar muy tristes.
-Estamos contentos porque está viva. ¡Después de un accidente así!
-Cálmese, Abuela. Nadie va a desenterrar a los muertos. Ya costó bastante trabajo enterrarlos.
-Sois demasiado sensibles. Lo mejor que podéis hacer es olvidar lo que habéis visto.
-Nosotros no olvidamos nunca nada.
(tras salir del búnquer de donde no les dejaban marchar)
Es la primera vez que hemos tenido miedo.
¿Que no hemos visto nada? ¡Imbécil! Tenemos todo el trabajo, todas las preocupaciones: dar de comer a los hijos, cuidar a los heridos. Vosotros, en cuanto termine, sois todos héroes. Muerto: héroe. Superviviente: héroe. Mutilado: héroe. Por eso, vosotros los hombres, habéis inventado la guerra. Es vuestra guerra. Vosotros la habéis querido, ¡pues hacelda vosotros, héroes de los cojones!
El ordenanza prefiere que la criada se baje o que se ponga a cuatro patas y la asalta por detrás.
La criada prefiere que el ordenanza esté acostado boca arriba.
-Venid cada sábado. Pero sobre todo no imaginéis que hago esto cediendo a vuestro chantaje. Lo hago por caridad.
Nosotros decimos:
-Es exactamente lo que esperábamos de usted, señor cura.
No, Abuela, precisamente eso no nos gusta. Por esa razón tenemos que acostumbrarnos.
No nos verán, nosotros nunca decimos nada a nadie y no tenemos madre.